Foto: geralt. pixabay.com

Si sientes que cada vez que te propones hacer las cosas de diferente manera, al final te sigues encontrando reviviendo las mismas cosas, es muy probable que haya un bloqueo subconsciente que alimentas sin darte cuenta.

La buena noticia es que esa situación es una información valiosísima para poder comunicarte con tu subconsciente, localizar qué lo alimenta y provocar que eso deje de repetirse.

Las situaciones que revivimos constantemente no son castigos divinos que se nos imponen para que aprendamos la lección, como en el colegio, y pasemos de curso. Esa es una metáfora que oigo desde hace tiempo y que es usada por diversos grupos, pero con la que Metamórfica discrepa.

Primero porque si creemos que hemos de aprender lecciones para poder ser felices y «evolucionar» o «pasar de curso», también hemos de asumir que hay alguien que nos evalúa y decide si lo hemos hecho bien o mal. Y Metamórfica defiende que no hay nada ahí fuera que no sea un reflejo de nuestro interior, o una imagen resultante del filtro que hemos elegido para ver el mundo.

En segundo lugar, asumiendo que no tengo la verdad absoluta y que aún la ciencia tiene mucho camino por recorrer… Imaginemos que, venga va; abrimos la puerta a que existe algo o alguien superior. En ese caso, si considera que le gusta mi comportamiento no me volverá a poner en esa incómoda situación una vez más, pero vaya… meses más tarde puedo verme en otra tesitura también complicada, una nueva situación que no controlo, que nos sé cuál es la respuesta para aprobar el examen, y vuelta a empezar, a repetir curso hasta que aprenda no sé el qué, y probar y probar cosas hasta que suene la campana (ya que ese ser superior juzga y evalúa… pero no me explica la prueba en sí). Así que he de aceptar que la vida es una sucesión de pruebas que tengo que pasar probando y probando opciones hasta que dé con lo que un ser superior considera que eso es «evolucionar».

De lo primero y lo segundo juntos surge la clave de las situaciones que se repiten:

Cuando creemos que lo que nos sucede en nuestra vida es una prueba, nos hacemos un flaco favor, porque tratamos de solucionar el problema reaccionando de diferentes maneras, a ver si damos con la aprobación divina y podemos olvidarnos del tema y pasar a la siguiente pantalla del juego.

Esto nos hace ver al causante de nuestro problema (ya sea una persona o la situación) como un examen que pasar, un enemigo al que superar o algo que simplemente queremos quitarnos de encima cuanto antes. Y así, no conseguimos cambiar nada. Un poco más adelante veremos por qué.

Otra forma de vivir la repetición de situaciones es a través de la queja. El famoso; «es que siempre me tiene que pasar a mí», «pero qué morro tienen l.a gente», «qué injusto es todo», «no me lo merezco», «siempre es lo mismo», y un sin fin más de modalidades…

Quedarse en la queja es un poco como la expresión de tirar balones fuera. Siempre es culpa del otro; la pareja, el hermano, del sistema, de los ricos, de los listos, de las empresas… Resumiendo; de la gente, que es toda mala.

Sin embargo esa creencia (porque hemos decidido en algún momento de nuestra vida creer eso, cuando tenemos muchos ejemplos de lo contrario seguramente: de parejas que conviven tranquilas, de empresas que lo hacen bien, de ricos que no están corrompidos por el dinero), esa creencia nos justifica en nuestro comportamiento. «Yo lo hago bien, pero son los otros los que lo hacen mal y eso hace que yo me encuentre donde estoy». Desde ahí también es muy difícil cambiar nada y se perpetúa la actitud y el filtro por el que vemos las cosas que nos suceden.

Es posible que te hayas identificado con alguno de estos dos tipos de actitudes de encarar las dificultades del día a día. Si no es así, no te extrañe…

Hay muchas estrategias de nuestro subconsciente para salirse con la suya y lograr que esas situaciones que nos persiguen SIGAN REPITIÉNDOSE, sí, leíste bien… en el fondo fondo fondo, lo que quieres es que la situación no sea diferente.

¿PERO CÓMO PUEDE SER ESO ASÍ?

Resulta que a nuestro cerebro le encanta pronosticar, es lo segundo que más le gusta después de encontrar patrones que se repiten e interpretarlos.

Cuando una situación se nos repite, no es que se repita, sino que la percibimos como algo que vivimos en el pasado de forma desagradable y nuestro «warning» de supervivencia se activa y nos recuerda las otras muchas situaciones en las que nos sentimos como en la que estamos viviendo. Y eso sucede porque ese tipo de situación que nos hace sentirnos en «peligro» es parte de nuestra mochila emocional. Aquella que cargamos con todas las situaciones del pasado que resolvimos para salir del paso, aunque no necesariamente lo solucionáramos satisfactoriamente o como nos hubiera gustado. Al encontrarse la mente de nuevo ante emociones parecidas saca del pasado la artillería pesada para volver a repetir la respuesta que, aunque no satisfactoria, fue rápida y nos alejó por un tiempo el problema.

Cuando entramos en estado de «peligro» porque sentimos que una situación es amenazante para nosotrxs, nuestra parte racional del cerebro no puede actuar, de echo la mayor parte de la sangre se dirige a irrigar nuestro cerebro más arcaico para reaccionar lo más rápido posible y salir del peligro.

Nuestro cerebro racional gasta muchísima más energía que nuestro cerebro irracional, y encontrar una respuesta rápida que no nos quite mucha energía es lo que la mente prioriza.

Pero… si cada vez que nos sentimos en peligro sólo podemos decidir de forma automática e inconsciente, entonces siempre reaccionaremos igual a los mismos sucesos y así constantemente, una y otra vez. Ahí tenemos la clave de por qué se nos repiten las situaciones.

Sin embargo es posible que, reflexionando, recuerdes casos en los que hay muchas veces que reaccionaste de formas diferentes. Puede que algunas resolvieran el problema para siempre, pero muchas otras te llevaron de nuevo al mismo punto de partida en un futuro. Y es que eso sucede cuando reaccionamos diferente pero seguimos tomando decisiones en base a la sensación de miedo a un peligro externo. Puede ser que hayas logrado llegar al punto, tras mucho trabajo personal, de revivir una situación y no reaccionar al instante. Entonces, te pondrás a pensar en otras formas de resolver el problema, pero sin saberlo todas ellas suelen seguir estando condicionadas por los resultados obtenidos en tus vivencias pasadas, por la educación que recibiste, por el último libro que leíste y decidiste creer… Realmente no es una decisión racional si sigue estando sustentada en responder ante un suceso que te hace sentir en peligro. Cuando hablo de peligro, hablo de situaciones que para ti realmente suponen un peligro para tu supervivencia, para tu imagen, para tus relaciones, para tu tribu, para tu bases morales o filosóficas… todo lo que «atenta» contra tu personaje, es decir; con lo que has decidido ser y con lo que te identificas.

Sólo tomando decisiones y acciones fuera de la sensación de estar amenazadx es cuando la mente vuelve a irrigar el cerebro racional. Pero tomar una decisión en base a la reflexión hace que abandonemos el patrón reactivo que veníamos abanderando. Y eso quiere decir… que perdemos el control. ¿CÓMO? ¿NO SERÁ LO CONTRARIO?…

Nuestra mente irracional suele llevar la batuta en momentos de estrés porque a X reacción, ya sabemos cuál va a ser también la reacción de nuestro «oponente». Cuando hemos vivido una situación varias veces podemos pronosticar qué ocurrirá después de que nosotrxs hagamos lo que siempre hacemos. La mente quiere tenerlo todo controlado, saber lo que pasará justo después de mover una ficha en el tablero, y para ello sólo puede limitarse a repetir jugadas que ya saben cómo acaban. Por ello, siempre que actuamos desde la sensación de peligro, nuestra mente rebuscará en todos los archivos y probará todas las opciones diferentes que haya en el registro hasta dar con una que nos salve por el momento de la situación presente, y a su vez, la re-archivará como válida de nuevo, pues fue efectiva.

Ésta es una estrategia de supervivencia que a todos los animales del planeta nos ha ayudado a llegar donde estamos.

Pero en nuestro día a día, normalmente, no tenemos peligros tan inminentes como perder la vida si no hacemos algo en segundos.

CÓMO EVITAR QUE SE ME REPITAN LAS SITUACIONES

Ante la repetición de una situación:

  1. Identificar que te sientes en peligro o amenazadx. Sólo así evitar reaccionar y fastidiarla nada más empezar.
  2. Tratar de ponerle nombre al peligro. Ejemplo; me vuelven a despedir de un trabajo. Puede que lo que sienta el peligro de no poder mantener a mi familia, o sentir que no se me valora, o que no voy a poder pagar la casa. Hay muchos… debes encontrar tu miedo base que te despierta esta situación.
  3. Una vez identificado el peligro, tratar de recordar la primera vez que te sentiste así, que sentiste ese peligro, ese miedo. Puede que de pequeñx en casa fuera difícil pagar las facturas y había que apretarse mucho el cinturón, puede que en la facultad siempre eligieran a otros para trabajos interesantes… Debes encontrar algo en tu vida pasada donde te sintieras como te sientes ante dicha situación.
  4. DARSE CUENTA DE: que las cosas que pasaron o cómo fueron en ese momento que hayas identificado en tu pasado, son de la única manera que podían ser en el contexto en el que sucedían. Las personas actúan con forme al bagaje emocional que llevan en sus mochilas, como tú, y si tú has estado inconsciente todo este tiempo… ellas también. ¿Por qué pedirle a otros que hicieran las cosas de otra manera cuando tú mismx estás atrapadx en tu propio juego? El sólo hecho de aceptar eso, te libera, te saca de la amenaza o de la sensación de peligro, permitiéndote salir del modo reacción subconsciente al modo consciente.

Parece muy sencillo… y lo es cuando se entrena. Quizá aún te toque pasar por alguna situación repetida alguna vez más… pero cuanto más lo practiques, más cerca estarás de vivir nuevas experiencias. Sobre todo por una razón:

Al haber liberado emociones ancladas en recuerdos pasados, es probable que no sigas identificando a esas situaciones como repeticiones. Dejarán de llamarte la atención, simplemente. Ya no te provocarán rabia o irritación, o tristeza o autocompasión, porque al haber cambiado el filtro con el que las ves, ya no hay emociones de peligro que surjan.

Sin embargo, más adelante, otras vendrán, porque la mochila la seguimos teniendo llena tras una vida de experiencias con respuestas subconscientes almacenadas en nuestra mente, y, situaciones que antes no nos llamaban la atención, ahora sí lo harán. Pero no porque hayamos pasado de curso…. no, ni porque la gente siga siendo mala, no…. sino porque ahora simplemente pones tu atención en otro lugar que te despierta nuevas emociones de peligro que liberar de tu pasado, de tu clan familiar, de tu cultura…. y así hasta que nos morimos.

¡ así que, paciencia!


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